lunes, 12 de diciembre de 2011

Unas relaciones difíciles pero necesarias

Hay coqueteos y confidencias; discusiones y odios. Unos y otros se necesitan, pero deben mantener una frontera inquebrantable que no convierta la relación profesional ni en el típico compadreo de colegas ni en el servil sometimiento de la esclavitud. Los periodistas tienen en el político una fuente informativa de indudable valor y este encuentra en ellos su canal indispensable para trasladar sus mensajes a los ciudadanos. Ambos se necesitan y deben caminar juntos, pero no revueltos

Históricamente, la relación entre periodistas y políticos ha sido tensa, es así como debe ser; es lo normal cuando unos intentan con demasiada frecuencia que los otros no cuenten lo que va contra sus intereses partidistas.

A continuación, podéis leer algunas reflexiones de interés que recoge el catedrático de Opinión Pública Alejandro Muñoz-Alonso en su libro ‘Política y nueva comunicación. El impacto de los medios en la vida política’.

P. 35. “La historia de las relaciones entre el poder político y los medios de información es la de una secular desconfianza. La censura es la institución en que se resumen estas relaciones durante la mayor parte de la historia del mundo occidental”.

“Incluso cuando se consolidan en algunos países occidentales los sistemas liberal-democráticos, las relaciones entre el poder político y los medios continúan siendo difíciles: la situación normal entre ambos es la tensión y la desconfianza”.
 
P. 36. “Esta peculiar situación de tensión y desconfianza se deriva del hecho de que la información es un poder y, aunque no figura en el esquema de los poderes constitucionales clásicos, forma parte del sistema de equilibrios, de frenos y contrapesos en que consiste un régimen pluralista de libertades”.

P. 38. La tradición democrática occidental ha “considerado siempre que una prensa libre es indispensable en un sistema político que se sabe en un poder político limitado, controlado y responsable. Directa o indirectamente, siempre se ha estimado que la prensa es un componente insoslayable del sistema. De ahí que se haya considerado a la prensa como un poder”.

P. 113. “Sucede a veces que políticos y periodistas olvidan que son sólo dos lados de un triángulo cuyo tercero y más importante lado es el público. A veces éste se queda en la sombra y se establece una mera relación bilateral: los políticos hablan pensando en los periodistas y éstos escriben como si su destinatario único fueran los políticos”.

P. 42. “La conclusión a la que hay que llegar es que la prensa es un poder en una red de poderes que se controlan y contrapesan mutuamente”.
 
Como curiosidad, unas palabras muy llamativas del III Presidente de los EE. UU., Thomas Jefferson, quien pasó del amor al odio a los medios de comunicación sin morderse la lengua. No olvidemos que Thomas Jefferson no fue un cualquiera, está considerado como uno de los Padres Fundadores de la Nación Americana. 

Prefiero periódicos sin gobierno, a gobierno sin periódicos”. Pero en su última etapa como presidente, en junio de 1807, escribe: “Es una verdad melancólica que la supresión de la prensa no podría privar más completamente a la nación de sus beneficios de lo que se ha hecho por su prostituida entrega a la falsedad. Nada se puede creer de lo que se lee ahora en un periódico. La verdad misma se vuelve sospechosa al ser colocada en ese instrumento contaminado… Quiero añadir que la persona que nunca echa una mirada a un periódico está mejor informada que aquella que los lee, del mismo modo que quien no sabe nada está más cerca de la verdad que aquel cuya mente está llena de falsedades y errores”.

Lo dicho; entre periodistas y políticos, del amor al odio hay solo un paso, sinceramente, lo mejor es no llegar a la amistad pero tampoco a la enemistad, periodistas y políticos deben ser 'conocidos', ni más ni menos, los almuerzos, cenas, compadreos y batallas infernales mejor los tenemos con otros. Unos y otros estamos para otras cosas...
 

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