lunes, 12 de septiembre de 2016

Mi tesis doctoral





Tesis doctoral defendida el 11 de noviembre de 2015 en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga por 
Juan Diego Sánchez Martínez.






RESUMEN DE ANDAR POR CASA:

Esta tesis explica cómo deben comunicar los políticos para NO cabrear más a los ciudadanos.



RESUMEN CNICO


'Comunicación política cívica. Reformulación de las relaciones entre gobernantes y gobernados' tiene como objeto de estudio las agendas de los ciudadanos y de los políticos y su nexo de unión con la agenda de los medios de comunicación. La investigación propone una nueva forma de entender la comunicación política para que las relaciones entre gobernantes y gobernados sean más democráticas. El autor plantea la necesidad de dotar a la comunicación política de mayores dosis de civismo, de modo que esta resulte más transparente, cercana y autocrítica.


En el primer bloque de la tesis se exponen un planteamiento general, la justificación, la delimitación del trabajo, los objetivos, hipótesis y la metodología empleada en la investigación. El segundo bloque es para el marco teórico, en el que se habla de los efectos de los medios de comunicación, opinión pública, comunicación política y de la noción de civismo asociada a la misma. En el tercero se ofrece el análisis de contenido realizado sobre cinco periódicos que cubrieron una campaña electoral en España de ámbito autonómico, para determinar la agenda de temas que manejaron los partidos políticos, se exponen los datos de las entrevistas realizadas por el investigador a los coordinadores de campaña y se explican cuáles eran las preocupaciones de los ciudadanos por aquel entonces en base a las encuestas de instituciones como el CADPEA o el CIS. En este apartado, al mismo tiempo, se documenta la discusión de los resultados.


Por último, en el capítulo de conclusiones, el autor constata la importancia de dotar a la comunicación política de un nuevo eje vertebrador, que debe encontrar en los intereses generales de los ciudadanos. Para lograrlo, entre otras medidas, el investigador propone que los partidos políticos y gobernantes cuiden más sus agendas y el tono que emplean para acercarse a lo que los ciudadanos esperan de ellos. Se trata de una tesis que busca mejorar la democracia cambiando las relaciones entre gobernantes y gobernados por la vía de la  comunicación política.





CONCLUSIONES (resumidas)


La investigación llega a su última fase tras plantear uno de los mayores problemas de la sociedad de nuestros días: la insatisfacción de los ciudadanos con el funcionamiento de la democracia. En sus diferentes capítulos, el estudio ha hablado de los tres actores fundamentales que podrían intervenir para mejorar, desde una perspectiva comunicativa, esta situación. Gobernantes, ciudadanos y medios juegan papeles diferentes en la democracia pero están íntimamente interrelacionados. Una vía de unión de indudable relevancia es la comunicación, que puede inyectar vitalidad y salud a sus sinergias. Hay otras formas de reforzar nuestro sistema político pero, aquí, como se explicitó desde un principio, el enfoque que se adopta es el comunicacional.

En este apartado, el doctorando propone que, entre todos (académicos, consultores políticos, medios de comunicación, partidos, instituciones, sociedad civil y ciudadanos en general) estudiemos qué misión desempeñamos en la democracia y de qué forma podemos contribuir a mejorarla. Los postulados de la comunicación política cívica constituyen una de las tantas respuestas que necesita nuestro sistema democrático para seguir creciendo y no conformarse con conquistas que, aun siendo históricas, pueden escribir nuevos capítulos, romper muros y ganar más batallas.

En las siguientes líneas, se plantea un código de buenas prácticas para una comunicación política cívica que no busca el dogmatismo, sino mantener el debate y prender nuevos frentes de diálogo. 

1. La comunicación de gobierno y electoral debe ser bidireccional, es decir, si la palabra sólo tiene un sentido de circulación, estamos ante un caso de difusión pero no de comunicación. Los gobernantes hablan y son escuchados, pero los gobernados también han de ejercer de emisores y no exclusivamente de receptores. 

2. Este planteamiento supone que la comunicación presta atención real al ciudadano, el cual no es tratado como un mero número, consumidor de mensajes o votante. Los partidos, gobiernos e instituciones han de abrir vías de conexión con la ciudadanía aprovechando las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Usar la prensa como intermediario entre gobernantes y gobernados ya no es suficiente, los ciudadanos tienen autonomía comunicativa. Las herramientas del Gobierno Abierto y de las leyes de transparencia deben estar en el día a día de las administraciones y sus postulados (información, participación y colaboración) han de ser asumidos por éstas con todas sus consecuencias. Esta nueva cultura aperturista que no teme a dar información al ciudadano y que éste participe en la toma de decisiones requiere de un cambio profundo, no sólo de la mentalidad de los políticos y funcionarios, sino también de los propios ciudadanos, que deben despertar de su letargo y desinterés por lo público. 

3. Este modelo comunicativo ayuda al ciudadano para que adquiera la cultura política que le falta, realiza, pues, una democrática labor de alfabetización cívica que facilitará el surgimiento de demócratas practicantes. 

4. La comunicación política cívica sabe qué le preocupa al ciudadano y acerca la agenda de los partidos y gobiernos a la agenda de preocupaciones de la ciudadanía. Además de hablar de aquello que le inquieta lo hace con un tono adecuado para que no rehúya del debate o mensaje. Según el CIS de enero de 2015, el paro, la economía, la corrupción, los políticos en general, los partidos y la política son los temas que más preocupan a los españoles, de estos asuntos, por tanto, hay que hablar y discutir (lo que no excluye, obviamente, que se traten otras muchas cuestiones que, incluso, no aparecen en los barómetros). 

5. La comunicación política cívica tiene en el ciudadano su principal preocupación pero no renuncia a la persuasión, es decir, ha de ayudar a los gobiernos a ‘vender’ su gestión y a los partidos políticos a ganar elecciones. Su enfoque tiene que combinar ambos intereses, de lo contrario, su puesta en práctica fracasará, pues los gobernantes verán en ella un tratado utópico de buenas intenciones, muy democrático y loable pero poco realista. 

6. La comunicación que propone el doctorando es transparente, cercana, asertiva, autocrítica y enemiga de la mentira y del insulto. Practicar esta fórmula, además de ser beneficiosa para el ciudadano, y, por tanto, para la democracia, es positiva y da réditos electorales a los partidos. Los ciudadanos están hartos de que les mientan y de la crispación, hay que instaurar un nuevo lenguaje, una nueva forma de hacer política y de comunicarla. Nada de esto impide que pueda existir ni debate ni enfrentamiento político, el choque ideológico y la contraposición de opiniones es absolutamente legítimo y sano, lo que no es admisible es la mentira. No en vano, las encuestas del CIS revelan que la honradez y la integridad son las características más valoradas en un político. 

7. El lenguaje que se propone rebaja la intensidad de las formas de expresión publicitarias, del espectáculo político y de guerrilla tan propios de la campaña permanente en la que estamos inmersos. 

8. La comunicación es vehículo de la crítica pero también debe serlo de la propuesta. La transmisión de mensajes orienta al ciudadano en la compleja realidad que le rodea y le permite elegir entre las diferentes opciones partidistas en conflicto, y, al mismo tiempo, ha de servir para construir puentes entre los partidos y entre éstos y los ciudadanos. 

9. La comunicación política cívica tiene en los medios a un gran aliado pero, en modo alguno, debe interferir en la línea editorial de los mismos ni directamente con el nombramiento y destitución interesada de cargos ni mediante la compra de favores o amenazas vía publicidad. La comunicación política debe encajar que entre gobernantes y gobernados siempre habrá filtros y que, uno de ellos, es el periodismo. 

10. La comunicación política cívica no realiza una enmienda a la totalidad a lo que existe en la actualidad, pero sí propone introducir cambios que benefician a todos, por ello, emplaza a que sus principios no queden en papel mojado y sean estudiados por los partidos, políticos, asociaciones profesionales, consultores, asesores y académicos, de modo que, sin leyes de por medio, el sector se autorregule, se comprometa con un código ético y aprenda una nueva forma de comunicación que ayude a mejorar las relaciones entre gobernantes y gobernados.

Desde las elecciones autonómicas andaluzas de 2008 han pasado muchas cosas. Han nacido y adquirido un gran protagonismo e influencia partidos de nuevo cuño como Podemos y Ciudadanos, que lanzan mensajes para diferenciarse de las formaciones históricas y romper el bipartidismo; hemos asistido realmente sorprendidos, en el contexto de la crisis, a fenómenos de protesta como el 15-M que dieron la vuelta al mundo, y las redes sociales de Internet han tomado un papel muy relevante en las relaciones personales y en la forma de comunicar de los políticos. Es cierto que todo esto ha ocurrido y que ni la España ni la Andalucía de hoy son iguales a las de hace siete años, pero hay algo de vital importancia para el presente y el futuro de nuestra sociedad que no ha cambiado: la preocupación por la calidad de nuestra democracia.

En los últimos años, como hemos visto, la inquietud de los ciudadanos por las lagunas que presenta nuestro sistema democrático ha crecido. Desde la Universidad podemos y debemos dar respuesta a esta situación, de ahí que este doctorando proponga que se adopten medidas por la vía política que germinen en un gran pacto de Estado que, de verdad, regenere la vida democrática del país; por la vía mediática, se plantea que los medios hagan suya la filosofía del periodismo cívico, y, desde la vía de la comunicación, se defiende la asunción de los principios explicados en la guía de buenas prácticas de la comunicación política cívica. Todo ello permitirá mejorar las relaciones entre los gobernantes y los gobernados y disfrutar de las nuevas conquistas que nuestra democracia dibuja en su horizonte.